/ 3/4/26

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BAGNA CAUDA



Sin fotos, pero dejaré por acá esta receta de bagna cauda. La comimos con mis hijos tan queridos en este Viernes Santo de 2026, y valió la pena de principio a fin.

12 dientes de ajo

12 filetes de anchoas (en aceite)

50 g de manteca

1 cucharada de aceite de girasol

1 L de leche (entera)

750 cc3 de crema de leche 


Pelar los ajos, partirlos por la mitda para quitarles el brote del centro y laminarlos.
En una sarten o cacerola de fondo grueso, poner a calentar la manteca con la cucharada de aceite, cuando la manteca esté fundida agegar los ajos y dejar unos minutos para rehogarlos sin que se tuesten.
Agregar una pequeña cantidad de leche. Cocinar los ajos en leche (que se va reponiendo a medida que se consume) a fuego bajo durante 45 min. aprox
En la licuadora poner 1/2 taza de leche fría y agregar la preparación de leche, ajo y manteca. Licuar. Agregar las anchoas limpias y cortadas por la mitad. Licuar hasta obtener una salsa fina.
Volver a la misma sartén y agregar la crema de leche. Integrar con movimientos suaves.
Mantener al fuego mínimo (puede ser corona, o poner un difusor entre el fuego y el recipiente de cocción) unos 40 min. revolviendo de vez en vez y con mucho cuidado de que no se corte. 

Para ir levantando el fondo de cocción, agregar leche de a poquito.

Además de verduras, la comimos con tallarines al huevo: un manjar.

Yo

/ 14/10/18

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En camino...

La sabiduría del silencio temprano .... o la trampa sutil de la redes sociales.

/ 5/3/16

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El post de hoy va sin receta aunque se trata de arroz. Traigo por acá la misma reflexión que publiqué en Facebook porque quizá mi ausencia de tanto tiempo, escondida en el no-tiempo, tenga otros ditirambos en el medio.

Lo que realmente sucedió con el arroz....

Como bien sospecharon la mayoría, el arroz ni se quemó, ni existía. Fue parte de un "juego" de facebook que a mí me dejó reflexionando y de cuya trampa quise salir al menos con un intento de experimento social, si no es demasiado ambiciosa la expresión.

Todo comenzó cuando alguien publicó que se teñiría el pelo de blanco y yo le di me gusta y, obvio, pedí foto. A las horas, la explicación: todo se trataba de un "reto", mejor conocido como cadena, donde yo debería también postear un estado más o menos desopilante de una lista dada de antemano. Ya está. Yo me había metido en el lío y tenía que salir más o menos airosa, con el orgullo herido y todo. Elegí la frase que menos conflicto me generara y salió un inexistente arroz quemado. 

Y el arroz me puso de frente ante dos cuestiones. La vulnerabilidad a la que estamos expuestos es tan visible que ni qué hablar de ella, pero sí dos reflexiones más:

Coliflor frita... al pelar la cebolla con tía Alia

/ 30/11/15

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La cebolla… su forma circular y estructura en capas ya había cautivado a los antiguos egipcios, quienes supieron ver en ella una metáfora de la vida eterna, dl infinito que se recrea así mismo, capa tras capa.
Las cebollas fueron escarcha y leche en el canto dulce, triste y melancólico de Miguel Hernández. Y fueron objeto de culto, muestra del poder de la tierra en la oda de Pablo Neruda. La cebolla que se abrió en mil capas, algunas a conciencia y otras como un grito reprimido, fue la de Günter Grass.
“Cuando se lo atosiga con preguntas, el recuerdo se asemeja a una cebolla que quisiera ser pelada para dejar al descubierto lo que, letra por letra, puede leerse en ella: rara vez sin ambivalencia, frecuentemente en escritura invertida o de otro modo embrollada. “ (G.G., Pelando la cebolla).
Somos relato, somos recuerdos. Nos construimos en nuestra humanidad a partir de las historias que nos cuentan, que nos contamos y que contamos. ¿Cómo, entonces, no apelar al relato autiobiográfico para revelar un secreto guardado bajo el estigma? La cebolla que exuda recuerdos agrios y avergonzados de un joven que ¿sin saberlo? se enrola en las filas de la juventud hitleriana. La misma que recuerda a la madre diciendo que tenían un cliente judío y no era malo; la madre que no lo fue a despedir a la estación del tren; la madre que habría de prefrir una muerte temprana antes que “contar” los horrores de la ocupación rusa en Danzing.
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