Tales palabras sintetizan, cabalmente, las emociones que me embargaron cuando tuve -hace ya algunos meses- oportunidad de leer el post de Mai y su propuesta en relación con Frutas justas: componer un libro de recetas que incluyeran bananas y ananás entre sus ingredientes como un modo fehaciente de reclamar contra la explotación laboral y personal que tiene lugar en muchas plantaciones de frutas tropicales.
Mal que me pese, vivo en un país donde la explotación laboral está al orden del día. Hasta hace unos minutos comentábamos al respecto con mi esposo y lo más preocupante es que todos de alguna manera somos cómplices, víctimas y victimarios de un círculo vicioso que pareciera extenderse ad eternum. No soy muy optimista acerca de mi país. Creo que el mal que nos aqueja es el de la corrupción. Pero no se trata de una corrupción de los políticos o de los gobernantes de turno o de quienes ostentan el poder económico del país. No. La nuestra es una corrupción social. He llegado a decir que los argentinos somos/estamos corruptos hasta el tuétano. ¿Y de eso como se sale? Si nos fijamos en la historia de la humanidad sobran ejemplos de sociedades esplendorosas que cayeron estrepitosamente al vacío por la corrupción moral que las aquejó. Ya nos pintó Raúl Sacalabrini Ortiz con su El hombre que está solo y espera (1931). Es una gran lectura, triste pero iluminadora a la vez. Hay un ser argentino que está desconforme con todo, con todos y consigo mismo; pero ese hombre -probablemente- tenga la fuerza interior necesaria para brotar de sus propias cenizas, para encontrar en sí mismo eso que todavía no sabe qué es.
Entonces, cuando salen a la luz propuestas como las de Mai me hacen pensar que no todo está perdido. Qué si bien a veces me siento como "sapo de otro pozo" (o lo que es lo mismo pero con mayor elegancia: un tanto fuera de lugar), mis convicciones, mis creencias, eso que trato de inculcarles a mis hijos, a mis alumnos, a los chicos que cruzo en el almacén y a quienes y con quienes de alguna manera compartimos instantes, no están erradas y solo se trata de seguir sembrando.
Esto de la siembra me lleva a otro GRAN argentino: Domingo Faustino Sarmiento (1811- 1888, maestro y presidente, creo que son los atributos de su basta trayectoria que mejor lo definen). Prócer argentino vituperado como pocos, hay una gran cantidad de anécdotas de su vida muy ricas en convicción y coherencia entre sus dichos y sus actos. Una de ellas refiere que una vez, ante un reclamo de unos campesinos de la zona del Tigre, dijo que si los pájaros comían las semillas lo que se debía hacer era sembrar más semillas, tantas que los pájaros comiesen y los campesinos cosechasen en cantidad necesaria. Eso trato de hacer: sembrar, sembrar, sembrar. Mis hijos, los hijos de mis hijos o los hijos de ellos quizá, verán los frutos. Y nosotros estaremos en paz sabiendo que hemos cumplido concienzudamente con nuestra parte.
En lo que hace al proyecto de Fruta justa, vale decir que en Córdoba, al menos, no está muy desarrollado el mercado de lo orgánico. Pero sí podemos emprender pequeños cambios de hábito que lleven a un mundo mejor. A fin de cuentas, un hábito se cambia por otro hábito. Entonces, preferir y consumir productos de temporada, evitar embalajes innecesarios, comprar frutas y verduras en la verdulería del barrio antes que en la sección verduras del supermercado, son pequeñas contribuciones hacia una vuelta a lo genuinamente natural.
Para mi receta elegí ananá o piña. A causa de una discusión muy interesante que sobrevino en el blog de Mai acerca de las palabras piña-ananá y banana-plátano tuve oportunidad de leer al respecto. Fue un placer en todo sentido aunque no voy a explayarme ahora al respecto porque pareciera que nunca llego a la receta. No obstante, bien vale la pena adentrarse un poco, para quien disponga de interés y tiempo, en la historia de estas palabras que recorren la península ibérica y forman parte de la América hispana.
Conocí la receta por unos bocados dulces típicos de la Navidad española: los volteaditos de piña y cereza. Se me ocurrió que debían existir en versión grande y claro internet + Google + clic hicieron la magia. Así supe que esta tarta es típica en Venezuela y tras varias lecturas me quedé con esta receta que me pareció la mejor de todas. No la hice literal. Me pareció mejor con algunos ajustes en los ingredientes y el resultado fue excelente. ¡Mis hermanas la reclaman con asiduidad!
Torta de ananá invertida, de bondad y esperanza
- Para el batido:
150 gs de manteca (mantequilla)
1 taza de azúcar
2 tazas de harina leudante (o harina de pastelería con 2 cucharaditas de polvo para hornear Royal)
1 pizca de sal
5 huevos
1 taza del almíbar de la lata del ananá
Esencia de vainilla
Guindelas (o cerezas al marrasquino) para decorar
- Para el molde:
50 g de manteca
1 taza de azúcar
8 rodajas de ananá en almíbar
Batir la manteca con al azúcar hasta lograr una crema. Añadir los huevos de a uno, procurando realizar la adición cuando el anterior ha quedado ya integrado. Perfumar con la esencia de vainilla. Agregar la harina previamente cernida con la pizca de sal, alternando con el almíbar del ananá.
En un molde apto para horno y fuego directo, enmantecar generosamente con 50 gramos de manteca, disponer la taza de azúcar por encima y llevar a fuego bajo hasta conseguir un caramelo de color claro. Cuidando no quemarse, acomodar sobre el caramelo las rodajas de ananá.
Cubrir el ananá con el batido de manteca, huevos y harina. llevar a horno medio por unos 40 - 50 minutos. Desmoldar y decorar con cerezas o guindelas.
Recuerda: (Directrices tomadas del blog de Mai)
- Consume local...compra más en fruterías y pequeños establecimientos evitando las grandes cadenas que están hundiendo los precios en origen.
- Cuando tu bolsillo te lo permita, compra productos de precio justo... si no puedes siempre, ayuda de vez en cuando con pequeñas compras.
- piensa que ciertos productos bio no son ni mejores ni peores para tu salud pero sí lo son para quienes los trabajan.
- si los gobiernos y organizaciones internacionales no miran por el bienestar de la personas, hazlo tú... no los condenes al olvido.
- deseo una vida más justa y más sana, como la mía... ojalá algún día, todo el mundo tenga lo que yo tengo.... ni más ni menos.
Cómo colaborar:
La idea es hacer un libro de recetas de piñas y bananas. Si tienes un blog, realiza un llamamiento a la colaboración y "dona" una receta tuya. Ya publicada o nueva, da igual. Algo rico.
Si no tienes blog, puedes mandarle la receta a Mai. Si no tienes tiempo para cocinarla y fotografiarla, lo hará ella misma en tu nombre.
Mueve este llamamiento de donación como quieras, con una nueva acción o participando de esta. Por su parte, Mai se compromete a reunir todas las recetas y hacer un libro en PDF que donaremos a Frutas justas. Las recetas puedes mandarlas a maitemsalonso@gmail.com , dejando link en un comentario a esta entrada de su blog o contactándola a través de facebook.
Si no tienes blog, puedes mandarle la receta a Mai. Si no tienes tiempo para cocinarla y fotografiarla, lo hará ella misma en tu nombre.
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