La sabiduría del silencio temprano .... o la trampa sutil de la redes sociales.

/ 5/3/16

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El post de hoy va sin receta aunque se trata de arroz. Traigo por acá la misma reflexión que publiqué en Facebook porque quizá mi ausencia de tanto tiempo, escondida en el no-tiempo, tenga otros ditirambos en el medio.

Lo que realmente sucedió con el arroz....

Como bien sospecharon la mayoría, el arroz ni se quemó, ni existía. Fue parte de un "juego" de facebook que a mí me dejó reflexionando y de cuya trampa quise salir al menos con un intento de experimento social, si no es demasiado ambiciosa la expresión.

Todo comenzó cuando alguien publicó que se teñiría el pelo de blanco y yo le di me gusta y, obvio, pedí foto. A las horas, la explicación: todo se trataba de un "reto", mejor conocido como cadena, donde yo debería también postear un estado más o menos desopilante de una lista dada de antemano. Ya está. Yo me había metido en el lío y tenía que salir más o menos airosa, con el orgullo herido y todo. Elegí la frase que menos conflicto me generara y salió un inexistente arroz quemado. 

Y el arroz me puso de frente ante dos cuestiones. La vulnerabilidad a la que estamos expuestos es tan visible que ni qué hablar de ella, pero sí dos reflexiones más:

Coliflor frita... al pelar la cebolla con tía Alia

/ 30/11/15

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La cebolla… su forma circular y estructura en capas ya había cautivado a los antiguos egipcios, quienes supieron ver en ella una metáfora de la vida eterna, dl infinito que se recrea así mismo, capa tras capa.
Las cebollas fueron escarcha y leche en el canto dulce, triste y melancólico de Miguel Hernández. Y fueron objeto de culto, muestra del poder de la tierra en la oda de Pablo Neruda. La cebolla que se abrió en mil capas, algunas a conciencia y otras como un grito reprimido, fue la de Günter Grass.
“Cuando se lo atosiga con preguntas, el recuerdo se asemeja a una cebolla que quisiera ser pelada para dejar al descubierto lo que, letra por letra, puede leerse en ella: rara vez sin ambivalencia, frecuentemente en escritura invertida o de otro modo embrollada. “ (G.G., Pelando la cebolla).
Somos relato, somos recuerdos. Nos construimos en nuestra humanidad a partir de las historias que nos cuentan, que nos contamos y que contamos. ¿Cómo, entonces, no apelar al relato autiobiográfico para revelar un secreto guardado bajo el estigma? La cebolla que exuda recuerdos agrios y avergonzados de un joven que ¿sin saberlo? se enrola en las filas de la juventud hitleriana. La misma que recuerda a la madre diciendo que tenían un cliente judío y no era malo; la madre que no lo fue a despedir a la estación del tren; la madre que habría de prefrir una muerte temprana antes que “contar” los horrores de la ocupación rusa en Danzing.

Tarta de espinaca y queso... #Cambiemos

/ 3/9/15

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Cambiar. Cambio. #Cambiamos. La naturaleza misma del cambio constituye la quintaesencia de la propia naturaleza humana. Cambiamos lo queramos o no, para bien o para mal, para mejor o para peor, pero siempre cambiamos. Ya lo preguntó la Esfinge y lo respondió Edipo: ¿Qué ser, provisto de voz, es de cuatro patas, de dos y de tres? El hombre, claro. Gatea cuando es niño, camina erguido en su juventud y se apoya en un bastón al llegar al ocaso de su vida.
Cambiamos. #Cambiemos. A veces resulta que el cambio aparece oculto en pequeños pasos, pero luego advertimos que el paso, por más pequeño que sea, es siempre parte del cambio. El cambio es moverse. No-permanecer. Cuando nos movemos, quizá aún aletargados, ya cambiamos. Incluso cuando cambiamos hacia lo posible porque lo mejor no era opción, el cambio sucedió y es siempre saludable. Mutar. Cambiar.

Fideos con brócoli. Gracias!

/ 24/12/14

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Almuerzo de Navidad
Celebrar la vida. Honrar la vida. Agradecer la vida y a la vida. Cada fin de año nos sumergimos, de manera inevitable, en un mar de reflexiones y cierres, pero creo que ante todo no debemos perder el sentido de la gratitud. Y pnsando en estas cuestiones acerca del significado más íntimo de la palabra gracias, y luego la gratitud como valor, llegué al pensamiento de Santo Tomás de Aquino.

Considerado uno de los Padres de la Iglesia, Santo Tomás de Aquino entendía que el agredecimiento obraba en tres planos: "La gratitud se compone de diversos grados. El primero encuentra su fundamento en el "reconocimiento" (ut reconognoscat) del beneficio recibido. El segundo consiste en alabar y dar gracias (ut gratias agat); y por último, el tercero, estriba en el acto de "retribuir el bien recibido de acuerdo a la posibilidad del beneficiado y según las circunstancias más oportunas de tiempo y lugar".
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